¿Por qué se caen los árboles en las ciudades?

Muchas veces vemos en las ciudades como se tienen que talar los árboles por el peligro de que se caigan, se tumben, y puedan caer peligrosamente sobre peatones. Y casi siempre que vemos un árbol con las raíces a flor de superficie en un parque o una zona verde urbana, advertimos del peligro que representa. Pero en realidad no es así, y el problema es otro, y por ello las solcuiones no son talar los árboles sino plantarlos con profesionalidad.

En la imagen vemos una serie de árboles en un camino muy transitado. Digo muy transitado por no decir en una zona donde todos los días pasan más de 1.000 personas, y que además tienen que estar esperando en este punto varios minutos para poder pasar al lugar donde se hacen casi todas las fotos del Castillo Neuschwanstein en Múnich. En la esquina inferior derecha podemos ver el asfalto de la zona periurbana donde están estos árboles.

El peligro depende primero del tipo de árbol y su particular forma de construir sus propias raíces. Y segundo de la calidad del suelo sobre el que se asientan los árboles en las ciudades y parques. Si en las ciudades plantamos los árboles jóvenes a poca profundidad y sobre un terreno con nulas capacidades para que las raíces profundicen, es inevitable que se caigan pues no son capaces de penetrar sobre el suelo para lograr estabilidad natural. Si elegimos especies de árboles sin tener en cuenta sus características de raices y profundidad para cada tipo de suelo, nos estaremos equivocando, aunque queden muy bonitos unos años.
 
Las lluvias si se plantan en pendiente, aunque sea ligera, hace que se laven las tierras, salgan las raíces de superficie y si debajo del ejemplar tenemos cemento y tuberías, el peligro de caer es real. Pero en la naturaleza los árboles saben profundizar sobre sus tierras lo que necesitan. Además de que cada árbol se ayuda de su compañero tanto ante el viento fuerte como en el entrelazado de las raices.