7/6/17

New York rico y New York pobre

Todos somos conscientes de que las grandes diferencias sociales son terribles para la paz. Son un caldo de cultivo donde se cuecen las venganzas, los hartazgos de aguantar, las sensaciones de que ya no queda nada que no sea la violencia. Y desde la sociología se advierte, se sabe, se intuye el punto de no retorno, pero no se logra hacer gran cosa.

Esta imagen es de una calle del centro de New York. Junto a un gran coche de un gran precio, vemos a una persona oriental que recoge latas metálicas de las papeleras, para venderlas al reciclaje. Allí no existen contenedores para los diversos materiales que desechamos. Y hay personas que recogen botellas, cartones o latas de refrescos como el de la imagen.

Es una calle entre el sudeste de Manhattan y la zona del barrio chino, llena de turistas, de comercios, de restaurantes, de coches y tráfico. Una zona céntrica y muy visitada. Las ciudades grandes se componen de multitud de pequeños espacios sociales, no los que vemos por la calles en una mirada rápida, sino los que se esconden en sus tripas y salen en ocasiones.


Cuidado con las excesivas diferencias entre los ricos y los pobres. Cuidado con lograr dividir a los necesitados en varias clases y grupos sociales. Al final todo tiene un precio y pasan la factura.

5/6/17

El cemento es más sostenible que las zonas verdes

En China crecen las ciudades a un ritmo insostenible. Es como si cada seis meses se creara una ciudad del tamaño de Madrid. No es sostenible, y la migración de toda la sociedad rural hacia las ciudades grandes es un problema global que se debería meditar más.

Las ciudades ofrecen unos servicios mucho mejores que las zonas rurales, y eso lleva a la migración constante, pero también a la saturación de estos servicios. Se crean bloques sociales cada vez más diferentes, de acceso a los servicios globales, sean sanitarios, educativos, comerciales, laborales o de comunicaciones. Y ante eso es muy complicado defenderse para construir ciudades de calidad humana. Cada vez más, las ciudades son más diferentes de la zonas rurales aledañas, en vez de acercarse en sus posibilidades para mitigar las migraciones rurales.

La realidad nos lleva a ciudades llenas de guetos muy diferentes, de barrios artificiales mal construidos, llenos de persona sin recursos o con muchos recursos, nulamente planificados, que se construyen por asentamiento constante, en extensiones planas, muy contaminantes, sin servicios suficientes, rodeando las ciudades sin criterios de planificación.

Somos cada día más, los urbanistas o sociólogos que admitimos al hormigón como más ecológico que las zonas verdes, y esto hay que explicarlo bien. Las ciudades horizontales y con viviendas unifamiliares y zonas verdes privadas, a final, resultan mucho más insostenibles en cuanto cruzan el umbral de un tamaño de crecimiento excesivo en las ciudades. Para meter a 100.000 personas en una ciudad horizontal o vertical, la necesidad final de energía y contaminación que se produce, es infinitamente muy superior en una ciudad verde horizontal.

Los servicios y la movilidad se traduce en muchos más kilómetros día de multitud de vehículos, que contaminan más que el beneficio que ofrecen las zonas verdes. Depender de la energía fósil para hacer factibles las ciudades horizontales es un gran error. Y un gran reto.

Las distancias en las ciudades son un elemento a trabajar muy en serio, así como las grandes diferencias sociales entre sus barrios. Todas las personas van a consumir desaforadamente, más si las animamos a ello con todo tipo de trucos financieros. Y todas ellas van a tener que trabajar fuera de sus ciudades. Consumir supone transportar, y recoger desperdicios de todo tipo. Y también fabricar y suministrar a los lugares de producción todo lo que se necesite.  


Las ciudades van vaciando sus centros urbanos, que muchas veces son conquistados por los desplazados desde los barrios más guetos y menos integradores. En la misma medida en que se crean barrios marginales, se crean barrios cerrados artificialmente, para ofrecer seguridad a los niveles sociales que se pueden permitir el pago. Ampliamos pues la ciudades, creando urbanismos conflictivos muy diferentes, que están llamados a la violencia perpetua. Estamos perdiendo la ciudad abierta, a costa de encerrarla sin criterios sociológicos de integración.

Fotografía de Marcos Alves
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